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Una Amalgama

Ficciones, deseos y realidades.

Te dije “te amo” y me contestaste “soy un desastre”.

Dije “te amo” y me dijiste “no te vayas de boca, esperá a que me conozcas”.

Te dije “te amo”, y en tu rostro había duda.

Te dije que te amo, no te pregunté si vos te amabas lo suficiente como parar creerlo.

Panem et circenses: Miss Teen Nicaragua

Es esa época del año una vez más. Los sms promocionales llegan a los teléfonos de todas y todos los nicaragüenses; las tiendas de conveniencia quedan secas tras una masiva compra de palomitas de maíz y uno que otro refresco; la farándula nicaragüense -ya empericuetada- espera paciente el pasar de las horas, y los medios y redes sociales están a un paso del estallido.

Finalmente, después de 365 días, vuelve el evento más esperado para la/el nica promedio: hoy, señoras y señores, se ve Miss Teen.

Muchos van a pensar que la descripción arriba mencionada raya lo exagerado, pero la verdad es que un simple certamen de belleza adolescente tiene la capacidad de mover a un país como el nuestro y, consecuentemente, ¿qué mejor momento para expresar algunas opiniones respecto al mismo, qué cuando todos y todas están a función de él?


Antes que nada, me gustaría aclarar que no trato…

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Descansar los domingos

Es domingo y te despertas de mal humor porque te desvelaste anoche. Esperate… No, te desvelaron anoche. A tus 22 años todavía te ponen hora de llegada, así que a las 2:00 a.m ya estabas en tu casa pero tu hermano menor -que tiene 20- llegó a las tres y media, con la novia, que sin problemas se puede quedar a dormir en la casa cuando quiera. Claro, la virginidad de tu hermanito es ciertamente menos preciada que la tuya… Ellos pasaron entretenidísimos y les escuchaste todo el bacanal.

En fin, salís de tu cuarto y al mismo tiempo está saliendo de su cuarto tu padre. Le decís “buen día” y caminan juntos a la cocina. Aunque tu mamá lleva dos horas despierta limpiando y haciendo jardín tu papá empieza a preguntar “¿qué hay de desayuno?” pero en lugar de decirle que él busque qué comer, tu mamá empieza a cocinar y de paso te ensarta con esa tarea que, de ser por vos, no harías pero ni para tu propia subsistencia.

Después del ameno desayuno, tu hermano se levanta de la mesa, dejando su plato atrás. Cualquiera creería que es que se le olvidó pero en realidad no, es que él sabe que es nuestro deber cocinarle, levantarle el plato y encima lavárselo. Él se va feliz de la vida a dejar a la novia a su casa mientras vos te tenés que bañar y vestir porque al rato van para misa.

Están a punto de salir los cuatro cuando tu papá te queda viendo y te dice que esa tu camisa es muy abierta, que te la vayas a cambiar. Vos respondés que tu hermano anda sus shorts pequeñitos -como buen muchacho preppy que es- y que él anda enseñando toda la pierna pero a tu mamá y a tu papá eso “les vale verga” así que te lo repiten al unísono, con ese tono autoritario que anuncia una discusión incipiente. Así que para evitar más alboroto, obedecés.

Como se atrasaron mandándote a cambiar la ropa, cuando llegan ya no hay espacio en el parqueo de la iglesia. Se estacionan a unos cuantos metros de la entrada y apenas estas sacando una pierna del carro cuando un hombre pasa en bicicleta diciéndote cuatro estupideces seguidas de un “amor”. Amor, te dice un desconocido. Un maje que apenas y alcanzó a verte la cara se siente con derecho de decirte “amor”. Te hierve la sangre, pensás que quisieras que se vaya en un cauce, además te ponés a pensar que seguramente tu papá cree que eso es tu culpa, cuando en realidad no importa cuántas capas de ropa tengas encima: basta con la sospecha de que sos mujer para que estos cerdos se sientan invitados a decirte cualquier vulgaridad.

En la misa el padre se la pasa hablando del pudor y tu mamá haciéndote caras porque dice que desde que estas trabajando querés salir todo el tiempo con tus amigas, y a ella se le nota que eso le preocupa: desde hace 3 años no tenés un novio (y ciertamente no querés uno). Ella dice que te vendría bien un noviecito para que te calme y te controle, porque está raro eso de que pasés tanto tiempo sólo con chavalas.

Cuando regresan a la casa, como de costumbre tu papá y mamá ven las noticias en la televisión de la sala común. Es entonces que sale la nota sobre la chavala que drogaron y violaron en grupo unos muchachitos ricos en Las Colinas. Según la reportera, fuentes cercanas a la sobreviviente aseguran que no es la única víctima mas sí la primera en atreverse a poner la denuncia.

Pero las preguntas que surgen no son “¿qué pena les van a dar?” o “¿estará recibiendo acompañamiento la chavala?” sino “¿qué hacía esa muchachita en esa casa con tantos hombres?” y “¿qué estaba pensando la mamá de esa chavala dándole permiso de salir?”. Ya no podés contenerte más y pegás cuatro gritos diciéndoles que dejen de culpar a la mujer todo el tiempo, que se saquen esas ideas de la cabeza y que sean más humanos pero no les termina de entrar por los oídos cuando ya se les olvidó.

Te querés relajar un poco así que te acostas en tu cama, agarrás el celular, revisas tus notificaciones y abrís Snapchat. Un maje te está mandando fotos y videos de su pene y te pide fotos desnuda. Asqueada, perturbada y enojada, lo bloqueás y ponés el celular a un lado. Ya deberías intentar dormir.


 

Dicen que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Supongo que por eso solamente ellos tienen derecho a descansar los domingos.

Juliana - Postales de Simone
Juliana – Postales de Simone

Nadie piensa como vos

Llegas buscando una cosa a una tienda e involuntariamente te ponés a acomodar los tarros y ordenarlos como vos crees que se ven mejor. Espero que estas muchachas no se sientan ofendidas porque noté que todo este escaparate era un solo bacanal, y que tampoco las manden a ordenar todo cuando yo me vaya, me van a detestar. 

Entras a una oficina y durante la reunión aprovechás para ordenar los lápices, la engrapadora y los post-it, dejándolos paralelos y bien alineados con el borde del escritorio. Seguro me veo rarísima haciendo esto así que trato de ser extra encantadora y elocuente para que la dueña de la oficina no note que le estoy tocando las chochadas.

Pocas cosas te molestan más que cuando tus amigas te piden prestado tu maquillaje y al terminar meten todo mal y cierran la cosmetiquera a la fuerza. Estas majes saben que prefiero que me dejen todo afuera y ordenarlo yo antes de abrir la vaina y encontrar esa escena de terror.

Te pudre enormemente que tu compañero de clase te pida prestado un lapicero y luego lo meta a tu estuche con la punta en el sentido contrario de todos los otros lápices. Pero es que este cabrón seguro lo hace por joder, no es posible que no note que todos los lápices están con la punta hacia donde cierra el zipper. Es lógico, ¿verdad?

Tenés una guerra silenciosa con la señora que plancha porque siempre te cuelga la ropa hacia el lado incorrecto. De por sí el armario es pequeño, y encima la doña me pone la ropa viendo hacia la izquierda… Necesito espacio para ver la ropa, Emilia. ¿No te has dado cuenta que siempre que me la guardas, la volteo? Además, las camisas de tirantes van en una parte, luego vienen las mangas cortas y luego los vestidos, ¿por qué me seguís metiendo las cosas intercaladas? Lo detesto.

Cada par de semanas sacas toda la ropa que está doblada y la volvés a organizar. Tu alergia te lo impide pero si no fuese por eso, vos serías la única en limpiar y ordenar tu cuarto. Si me alteran mi orden me alteran la vid¿qué jodidos hace mi USB dentro de mi lata de brochas? Prometo que me va a dar algo.


 

Tenés indicadores de Trastorno Obsesivo Compulsivo. No tenés el Trastorno porque no perdés suficiente tiempo cada día en tus compulsiones, y tus obsesiones no son tan intensas, por eso no tenés un diagnóstico.  Tal vez eso lo hace más pequeño, minimizable, ridículo incluso. No cumplís con todos los criterios al pie de la letra pero de cualquier forma, pensás diferente a la mayoría de personas a tu alrededor.

Vos ves el mundo y buscas patrones, esperas cierto orden y si no está ahí ya, te dedicás a crearlo. El problema es que crees que es una cuestión de sentido común y resulta que no es así, tu sentido “común” resulta ser más divergente que común y la gente rara vez entiende tu necesidad por ordenar todo de cierta forma.

No entienden que eso calma la ansiedad que produce el caos. Tampoco comprenden que hay algunos caos que te agradan… Como el de dos cuerpos ansiosos por conocerse. Como el de los libros que no tenés ordenados por temática. Como el de todos los cuadernos que guardas desde secundaria y que no botas porque sabés que eventualmente los vas a necesitar. Como el caos de las cajas de zapatos, que ocupas para guardar recuerdos cada año que pasa. O el de tu muy estructurado plan de vida, que aunque esté bien claro, es indudablemente caótico.

Como el caos de tus pies ansiosos por recorrer el mundo, como el de tus manos expectantes por recoger agua de mil manantiales, como el de tus ojos brillantes y curiosos que esperan encontrar esos patrones en la naturaleza y ansían saber con certeza que, ahí, todo está en perfecto orden.

Son mis hermanas

Esto es un manifiesto sórico, feminista y radical ante un sistema que nos enseñó a ver a las otras como competencia. Este es mi sentir de amor por las otras, por todas las que me acompañan en mi camino, y también por las que no.

Si bien este es un ejercicio muy personal, y es un esfuerzo diario para resistirme a las imposiciones de este sistema, lo quiero compartir con la esperanza de que a otras les sirva en esos días.

Sororidad como mayor arma


Todas las personas tenemos días cruciales en la vida. Experiencias que pueden trascender e inspirar una utopía, detonar una depresión, movilizar a un ser…trascendencias las hay de todos los tipos pero hay un sentir muy especial que surgió en esta humana y lo quiero fragmentar en unos cuantos párrafos. Es el sentir que me mantiene en pie para afrontar aquellos días, los días que nos recuerdan a gritos el porqué nos nombramos feministas aún cuando el hecho de hacerlo suponga un riesgo enorme para nuestra paz mental, integridad y para nuestras vidas.

Y lo cierto es que quienes nacimos con vagina, y fuimos nombradas y construidas mujeres, de cualquier forma vivimos bajo constantes amenazas. Así también quienes nacieron con pene y se reconocieron mujeres dentro de este sistema. El sentir que me empuja en esos días en los que el riesgo latente resalta, es el de la colectividad: el saberme acompañada, acuerpada, amada.

Son muchas las mujeres feministas con quienes he encontrado esa complicidad pero no son las únicas:

 

Porque es tan hermana mía la mujer que no reconoce su opresión como la que sí lo hace.

Es igual de hermana la mujer que resiste en silencio que la que lucha y se manifiesta públicamente.

La que cree que para realizarse en la vida debe casarse y parir, ella también es mi hermana.

Quienes creen que las mujeres debemos ser castas y virginales, y nos llaman de putas a quienes no queremos, ellas también son mis hermanas.

Las que aún no entienden qué es feminismo y dicen “yo no soy como esas mujeres”, también son mis hermanas.

La que no se nombra feminista pero es autónoma, independiente, libre y soberana, ella también es mi hermana.

La que pregunta “qué hacía ella ahí/por qué se vestía así/por qué andaba con ese hombre” cuando asesinan a otra mujer, también es mi hermana.

Las mujeres que son madres solteras, por decisión propia o por la irresponsabilidad paterna, ellas son mis hermanas.

La mujer que sufre violencia y no puede -por la razón que sea- salir de ese ciclo, es mi hermana.

Quienes me miran de pies a cabeza al entrar a un lugar, escaneando mis atributos e imperfecciones, ellas también son mis hermanas.

La mujer que ahora está con alguien que me gusta, ella es mi hermana.

Las mujeres que dicen “la mayoría de mis amigos son hombres, porque las mujeres son muy dramáticas” -o para su defecto “yo no soy como todas las mujeres”- en un intento de distanciarse de lo femenino, ellas son mis hermanas aunque no lo sepan.

Las feministas, las mujeristas, las queer: todas son mis hermanas.

La feminista de las generaciones anteriores que se nombra feminista y milita desde su juventud, la que ha forjado este movimiento, es mi hermana.

La que se nombra mujer, y resiste y lucha todos los días para ser reconocida como una “mujer de verdad”, ella es mi hermana.

Las mujeres que tienen relaciones afectivo-románticas exclusivamente con hombres, ellas son mis hermanas.

Las lesbianas que reproducen la masculinidad tóxica, son mis hermanas.

Las mujeres no-blancas, que además viven violencias racistas, también son mis hermanas.

Las mujeres que creen que para que no me acosen debo vestirme distinto, son mis hermanas.

Es tan hermana mía la mujer que me repudia como la que me más me ama.


Porque si bien es cierto que no tienen que agradarme todas las mujeres para poder ser feminista, reconozco que en nuestra infinita diversidad, somos similares. Por el hecho de ser mujeres, vivimos violencias parecidas. Aunque en cada cuerpo éstas tomen distintos matices.  Más que esperar, me trabajo constantemente para que un día nos reconozcamos todas en sororidad y que tanto feministas como no feministas podamos ver a los ojos a la mujer que cruza la calle, lava los platos o maneja un tractor, y saber que en ella también tengo una hermana.

En un sistema que desde el nacimiento nos empuja hacia la condición de víctimas, si seguimos vivas es porque somos sobrevivientes.

Si tocan a una, nos tocan a todas.

Sobre una canción (recomendación de música)

Hace un tiempo, escuché un cover de una canción de Bring Me The Horizon

En ese momento jamás había escuchado la canción original, es más, creo que ni siquiera había escuchado antes a BMTH pero el cover me encantó (desde el mismo arreglo hasta los músicos y sus tatuajes). Y luego cuando escuché la original no me gustó para nada: usualmente me gusta un buen balance de clean/screaming vocals y esta era demasiado rough para mi gusto. Eso fue hace más de un año probablemente.

Hoy, la rola original me salió en “Watch Again” de YouTube y no puedo parar de escucharla.

Les dejo ambas por si acaso pero escuchen la original primero.

Sangre

Tengo dos días de estarme sintiendo con calentura permanente, apenas enciendo el abanico me da frío. Yo, que sufro de calor, estoy necesitando una sábana para protegerme del aire que impulsa mi ventilador aun cuando es mediodía.

Ahora estoy sentada viendo una serie de cortometrajes y siento un calor particular entre las piernas, luego un dolor punzante en el vientre. Veo la fecha y pienso “tiene sentido”, entonces mi útero se contrae y empiezo a menstruar. Siento humedad en la vulva y me río porque sé que a estas alturas mi ropa interior ya se ha manchado, mi copa menstrual está en mi casa.

Aceptar mi menstruación sin estigmas es quedarme sentada hasta que terminen estos cortos que estoy disfrutando, porque si me mancho la falda, nadie se va a morir. Al cabo de una media hora termina la tanda, me levanto y me voy a mi casa: me baño, saco mi copa de la gaveta, me acuesto boca arriba con las piernas flexionadas y separadas, y la introduzco en mi vagina. Me quedo desnuda sobre mi cama frente al abanico hasta secarme, ya no tengo frío.

Continúo con mi día, yendo y viniendo, conduciendo, caminando, arriba y abajo. Me siento y me vuelvo a levantar, como y me lavo los dientes, orino y duermo una siesta por la tarde. Y al cabo del día me siento en el inodoro, introduzco mis dedos índice y pulgar en mi vagina y saco mi copa: vierto su contenido dentro de la taza.

Estiro mi brazo, abro la llave de mi lavamanos, pongo la copa debajo del chorro y la limpio, la dejo ahí momentáneamente para ponerme de pie y ver dentro de la taza.

Me encantan las formas que se crean cuando mi sangre menstrual cae en el agua.

http://www.copasmenstruales.com/blog/los-beneficios-de-la-sangre-menstrual/
http://www.copasmenstruales.com/blog/los-beneficios-de-la-sangre-menstrual/

Transgredir

Y ahí andaban: él con su cabello corto y senos grandes y ella con su pecho plano y abundantes rizos, transgrediendo todas las normas.


Se encontraron, se vieron, se amaron, se rieron, se fueron.

Paseo por mi hipocampo

Yo estaba deseando que lloviera. Y llovió…pero fue una de esas lluvias indecisas que al cabo de un rato cesó y me dejó así, desilusionada. En ese lapso entre tiernas brisas y fuertes vientos sentí la necesidad de vagar por mi ser.

Entonces me acosté, cerré los ojos y desencripté las sinapsis.

Recorrí mis pensamientos, mi política, mis sentimientos y mi humor. Di siete vueltas por mi hipocampo, volviendo a vivir mis recuerdos cual si fuese un parque de diversiones.

Desde afuera me veía: mi Yo de 22 años la miraba a ella, de 8, jugando inocentemente en la misma casa que hoy habito. Ella no sabía todo lo que iba a vivir, todo lo que le esperaba a la vuelta de la esquina. Si entrara en su dimensión y le contara toda la mierda que le pasaría, toda la basura que tendría que tragar y todo lo que tendría que molestarle hasta que pudiera convertir el asco en coraje para gritar, posiblemente ella creería que no va a ser capaz. Quizás pensaría que no tiene sentido vivir sabiendo que eventualmente algo te va a doler, te va a calar, te va a estorbar. Tendría que contarle de todo lo que la haría lo suficientemente fuerte para enfrentarlo y para no callar.

Corriendo el riesgo de sonar como Silvio Rodríguez en el proceso, tendría también que contarle que lo bello lo va a vivir con ternura y que a mi edad va a darse el lujo de vivir el amor, realmente vivirlo. Que no le va a interesar ser de nadie y tampoco que alguien más le pertenezca. Que va a saber cultivar y mantener sus amistades, esas mismas que son hoy sus compañeras de clase. Ellas también van a crecer, a llorar y reír, a aprender y van ser felices, tendría que contarle que cada cierto tiempo se van a juntar todas y van a desvelarse para ponerse al día.

Debería dedicar un par de horas para contarle sobre nuestra mamá, sobre lo fuerte que es y lo bien que la va a llegar a conocer. Que hermosura de mujer la que nos decidió parir y querer.

También tendría que contarle que va a aprender a amar. Pero amar de verdad, desde su fuerza vital, desde su coraje y su libertad. Y amar sin miedos, sin expectativas, sin medidas, sin reglas y sin libreto. Que va a saber cuando eso suceda y que va a sentir esa materia mientras se mete en sus huesos. Va a sentir esa esencia y va a asustarle por un momento, pero pronto y sin mayor dificultad va a reconocer que ese amor ya es parte de ella.

Se va a reír de lo confundida que estuvo antes, cuando creyó que amó mas solamente añoró, desde sus dudas, desde sus miedos y desde sus ataduras. Y eso también será parte de ella, lo sabrá pues guiará su camino. Tal vez para alejarla de eso y mantenerla segura, tal vez para activarlo una sirena que le advierta cuando corre peligro de nadar en estancadas aguas, tal vez solamente para tener un recuerdo.

Sos una niña, no te vas a dar cuenta cuando dejes de serlo. Ahora sos una niña y en poco tiempo vas a ser una amalgama. 

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