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Una Amalgama

Ficciones, deseos y realidades.

Iniciativa.

Date la vuelta –me dijo- quiero ver tu espalda. No me enseñaron a ser obediente pero ese día teníamos un acuerdo. Giré mi torso, seguido por mis caderas y le di la espalda.

Me vio por unos segundos en silencio. Yo, impaciente, volteé mi cara para tratar de percibir lo que pasaba por su cabeza en ese momento. Me vio fijamente a los ojos, diciéndome en silencio: estas haciendo lo que se te antoja, como siempre. Mantuve la mirada, desafiante. Finalmente, habló: “¿en qué quedamos entonces? ¿Te acordás que hoy ibas a hacer lo que yo dijera?”

Bajé la mirada y volví a mi posición anterior. “Con este cuadro de Marín me voy a entretener para mientras”, empecé a revisar aquellos trazos de óleo, pensando en lo caro que es pintar usando esa técnica. ¿Cómo es que un artista del nivel de este puede estar mordiendo el leño? 

En mi cabeza estaba lista para empezar un monólogo sobre el capitalismo y la desvalorización del arte cuando sentí su mano suave y fría en mi hombro, en el oído me susurró “ahora acostate”. Sin emitir sonido alguno me tendí sobre aquel tapete brillante. Mi piel, café como un grano de cacao, hacía un espectacular contraste con los rosas, verdes y amarillos de aquel tejido de Chajul. Me recosté y mantuve la mirada fija en el cuadro, toda aquella escena me parecía tan poética. Empecé a tomarme a mí misma muy en serio, es que toda la escena era una porno de los años 80. Se me olvidó qué era lo que estaba esperando.

Después de un minuto tumbada, brinqué: ¿ideay, me vas a estar viendo y nada más? Pensé que esta idea tuya era para que coger fuese más “interesante”. Agarró mi quijada y se rió de mi expresión, me besó en la frente mientras me indicaba que ahora tenía que callar y cerrar los ojos.

“Que tuani pues, aquí voy a estar, callada y quieta…yo no me bañé para estar mierda”, pensé. Con los ojos cerrados, abrazada por un silencio absoluto, sentí sus manos en mi pelo. Estuvo acariciando mi cabeza por un rato, estoy casi segura que en algún momento me dormí.

Luego, escuché aquellas palabras que quince años después recuerdo perfectamente:

Cuando ocupás tanto espacio hablando, pensando, y calculando todo, dejás de vivir. Vos y yo sabemos que esta mierda no tiene sentido alguno, que nuestra existencia en este mundo no es más que masturbación del ego y sufrimiento. Pero vos y yo decidimos encontrarnos de vez en cuando para coger, y en esos momentos, la cosa es un poco más tolerable. Sí, al inicio pensé que esta loquera era solamente para que coger fuese más “interesante”, entre comillas, como vos lo dijiste…pero viéndote callada, inerte, no sé qué me dio. La verdad creo que ha ido muy lejos, sabés que sos la primera y yo no puedo exponerme de esta manera. Prefiero ser yo la de la iniciativa…

Hubo una pausa en aquel discurso. Yo no conseguía entender nada: me dijo que mucha mierda hablo / iniciativa de qué / ay pero es solamente sexo maje / ¿ha ido muy lejos?. No supe exactamente cuánto tiempo habrá pasado mientras estaba deshilando aquellas ideas, tal vez me volví a dormir, pero cuando abrí los ojos Victoria se había ido.

Arreglé el desorden que había quedado en mi cuarto y ese día más tarde intenté llamarla. Inocente, su número ya estaba desconectado.

No volví a saber de ella. Ese es el otro desorden que llevo quince años queriendo arreglar.

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Tina Maria Elena Bak – Sitio de la artista
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A mí ni que me amarren la boca con cinta adhesiva

 

TW: abuso sexual

Una vez un hombre mayor y muy querido de mi familia me tocó. En realidad, debo decir, era el patriarca. El papá de todos y todas.

Me sentó en sus piernas y me tocó la pierna mientras me decía cosas como “¿te gustan las esculturas que hago?” “Soy muy habilidoso, ¿verdad?” 

No recuerdo qué respondí pero sé que me sentí intranquila e incómoda, y que por dicha logré irme de ese espacio.

Por muchísimos años lo olvidé, o pensé que lo había olvidado. Nunca dije nada. Hasta hace unos años lo compartí con mi mamá.  Así de pesada era la idea de “acusar” a ese señor tan querido, de ser un macho abusivo.

Solamente me tocó la pierna, ¿no? Y aún así, no dije nada por años y años. La vergüenza la cargué yo. Y eso que cuando pasó aquello yo habré tenido unos 9 o 10 años. 

También debo decir que no es el único hombre en mi familia con tendencias abusivas, no es el único que se le haya insinuado a una sobrina, a una nieta, sobrina-nieta o lo que sea. Y hubo quienes no solamente se insinuaron sino que abusaron por años de sus hijas, nietas.

Eso lo sabemos todas y todos, pero nadie lo habla. Porque “qué vergüenza”. Qué vergüenza… Vergüenza deberían tener ellos, no quienes hemos vivido un abuso de poder de ese tipo. Vergüenza deberían tener quienes no le creen a l_s sobrevivientes, quienes encubren abusos, quienes se rasgan las vestiduras para proteger “la reputación de la familia”.

Ya es hora de que dejemos que ellos y su reputación se hundan. Que se vayan a la mierda, que no quede rastro de estos hombres abusadores, pedófilos, poderosos. Que ojalá un día tenga mejor reputación la familia que expulsa a los abusadores que la que pisotea la dignidad de sus víctimas.

Otro hijo sano del patriarcado

Existe la creencia popular de que son los hombres pobres y “sin educación” los que matan a sus parejas. Que eso en “las buenas familias” no pasa. Que no es un problema que atañe a la clase media, y ni hablar de la clase alta.

Creemos que esas cosas no le pasan a la gente que conocemos. Que pasan en los barrios, en la bajeza de las comarcas, en los pueblos escondidos donde el agua llega dos veces por semana.

Lo que nos dice la realidad es que cuando es el empresario quien mata a su mujer, tendrá amigotes con poder, que le protegerán: en los medios de comunicación, en la policía, en los juzgados. Y si no son amigotes (o amigotas) pues tiene recursos para asegurarse de que su crimen quede impune, y que su imagen no se salpique de su barbarie.

Recursos económicos y capital social que permiten que mate a su mujer, a veces sin tocarla. Que la mate en vida, y que cuando quiera hacerlo efectivo, dé la orden, realice el pago, y no tenga que cumplir condena alguna por su crimen.

Un hombre femicida, como bien escribió Malena Pichot en 2014, no es ningún enfermo. Es todo lo contrario: un hijo sano del patriarcado.

Un femicida sabe bien lo que está haciendo, y lo hace justamente porque cree que la vida de esa mujer le pertenece, que tiene la potestad para decidir cuándo ella ya no merece vivir más. Mata y se sienta a cenar con el cuerpo de la mujer aún caliente porque, para él es poca cosa.

Un femicida sabe y se aprovecha de que la justicia sea patriarcal. Comete errores, se permite hacer evidente sus intenciones, vocifera amenazas como “andate con cuidado” o claramente dice “te voy a matar”. Sabe que lleva las de ganar. Sabe que el sistema está hecho para gestionar el escrutinio de la vida de su víctima y no para garantizarle justicia.

Un femicida cualquiera sabe que su vida no se acaba cuando es acusado, ni siquiera cuando es procesado. Sabe que si acaso llega a cumplir condena, puede salir antes. Sabe que son tantos los femicidas que hay, tantos como él, que no podemos recordar todos sus nombres. Y sabe que no hemos hecho el mejor trabajo recopilando sus nombres con foto, color de ojos, estatura, color de piel y cabello. Que puede salir de prisión y enganchar a otra mujer más, que no tenemos un archivo público que nos permita a las mujeres revisar sus antecedentes.

Yo tuve una relación que sé que pudo haber terminado mucho peor. Después de ella, estaba hecha paste emocional y psicológicamente, y no, nunca llegó a golpearme pero hay más formas de infringir miedo y destruir las bases de la seguridad de una persona. Hay más formas de lastimarte y hacer que te sepás indefensa. Yo no denuncio porque no creo en este sistema de justicia. Porque no tengo pruebas, porque mi mecanismo de afrontamiento ha sido eliminar, descartar, botar y quemar todo lo que tuviera que ver con él. Y sobre todo, porque mi vida no está para que me revisen y en un día hagan el gran descubrimiento de que no soy una víctima perfecta. Que ninguna lo es.

Si a las mujeres que llevan pruebas, el sistema no les da respuesta célere, no se les cree ni se les protege y más bien, se les manda a mediar con sus agresores, ¿qué podría esperar yo, que no tengo pruebas de nada?

Un día no muy lejano vamos a materializar esa necesidad (y esa deuda que tenemos) de crear un archivo abierto donde podamos denunciarlos con nombre y apellido, sin necesidad de exponernos, donde podamos decir todo lo que nos han hecho…lo que les han hecho a nuestras madres, hermanas, primas, amigas.

Yo tengo la deuda personal de decirle a mi amiga “yo creo que tu novio puede llegarte a matar”. ¿Cómo hacemos para decir algo así sin más bien alejarla más de lo que él ya ha logrado alejarla? Tengo esa deuda, me sé impotente, y si algo llegase a pasarle, también me sentiría responsable.

Por el momento, solamente puede esperar que llegue el día en que ella se dé cuenta y pida ayuda. Aquí voy a estar, para vos, y para todas.

A las mujeres se les cree. Y al machote, ¡machete!

Sobre los saqueos del 22 de abril

Porque no me gusta hablar de más cuando ya otras personas lo dijeron todo, solamente voy a dejarles por acá algunas capturas de tuits de personas que están viendo todo mientras sucede, y saquen sus propias conclusiones.
Para empezar, una regla de tres: si hay suficientes agentes policiales para ir a extinguir protestas por todas las ciudades, debería también haber suficientes para ir a parar los saqueos.

Tanta policia para turquearte pero ninguno para ir a ver sobre los saqueos, extraño no?

— xldx (@_xldx) April 22, 2018

Curioso… Avancemos: si los saqueos son ilegales, incorrectos y perpetrados por estudiantes financiados por la derecha, ¿por qué los canales oficialistas pueden estar ahí haciendo transmisiones en vivo de los hechos y no llaman a la Policía Nacional?

cómo hijuelagranmilputas llega el canal 4 a hacer una súper cobertura de los saqueos y la policía no hace ni turca estando a menos de un kilómetro de los hechos?
BAILAME ESE TROMPO EN LA UÑA

— • (@unchienandalxu) April 22, 2018

 

Sobre los saqueos de Linda Vista:
¡Qué raro que no haya ni UN SÓLO PUTO POLICÍA? Pero si todos los canales oficialistas haciendo hasta FB Live.
No lo sé, Rick…

— Gabriela de los Ángeles (@GabytaC) April 22, 2018

 

 

Y como Nicaragua no es únicamente Managua:

No nos engañan. Granada, Managua y Masaya denunció saqueos con resguardo policial y grabación de medios oficialistas. Quieren justificar sus actos brutales pero no tendrán perdón del pueblo @ReporteNi #SOSNicaragua #SOSINSS #Nicaragua https://t.co/xlZ30Un4lD

— Estaquescribe (@Estaquescribe) April 22, 2018

El Gobierno dice que los protestantes saquean y roban, pero es falso. Anoche en el Gallo más Gallo de Masaya robarón con la policía enfrente, y estos lo permitiéron. Han sacado a los delincuentes de las cárceles y andan recogiendo a vagos para luchar junto con la JS.#SOSINSS

— Lucia Maltez (@lululages) April 21, 2018

¿Cómo es que la Policía es tan rápida y efectiva desmantelando las concentraciones de gente “de la derecha” pero no hace nada cuando -supuestamente- estos mismos grupos saquean comercios?

Un muchacho del barrio donde yo vivo le contó a mi mamá que en la noche lo llegaron a buscar diciéndole que fueran a “desturcar la curacao”. Esta fue la misma gente que saqueó e incendió León, no fueron los estudiantes. #SOSNicaragua

— Elisa (@Leonanica) April 21, 2018

Como dice el compañero, lo importante es que hay bastantes personas que ya no se tragan el discurso oficialista:

Lo importante, León sabe quien quemó su Centro Histórico y quien saqueó los establecimientos comerciales. #SOSNICACARAGUA

— 🇳🇮Omhar🇳🇮 (@OmhaRL) April 21, 2018

 

De decisiones y constancia

Recuerdo muy bien el día en que decidí conscientemente que quería que fueses parte de mi vida, indefinidamente. Vos saliste del trabajo y estaba lloviendo a cántaros. Las calles de Managua iban a terminar desbordadas y plagadas de accidentes, entonces me escribiste para llegar a mi casa y esperar que el caos se atenuara.

Ese día estaba con dos de mis mejores amigas, no recuerdo si ya se conocían pero vos entraste y, muy a pesar de tu característico estoicismo, te mezclaste con inmensa facilidad.

Esa tarde y parte de la noche hablamos de tanto. Tengo en mi memoria una cinta de mi amiga contándote sobre su relación que había terminado poco tiempo atrás, Te recuerdo escuchando atento y dando tus opiniones, con calma, acertadas, siguiendo el ritmo de ella.

Ese día yo era anfitriona de una fiesta en la casa de otro amigo, una fiesta que se había vuelto un tipo de tradición. Cuando nos despedimos en mi casa, yo también me iba a cumplir con mi compromiso de asegurarle un buen rato a nuestros invitados.

Vos y yo habíamos tenido un Vol. I, algunos meses atrás pero yo era
un desastre emocional en ese momento y cuando te sentí muy “intenso”, me desaparecí de golpe. Hice bien, no estaba lista para tanto.

Por alguna razón, que aún no entiendo, estaba medio involucrada con un amigo cuando pasó aquel evento. Este tipo -no muy diferente a como vos llegaste a ser después- era muy celoso. Él también era anfitrión de la famosa fiesta. Ese día casi no me dirigió la palabra pues sabía de nuestra pequeña historia juntos.

En la madrugada después de la fiesta, cuando lo único que había a mi alrededor eran botellas vacías, bolsas de chips medio llenas y rastros de lodo que dejaron los zapatos de todos los convidados, me di cuenta de que vos le traías a mi vida una calma linda. Ese día decidí que quería que estuvieses ahí, conmigo.

Decidí que quería eso que le sumaba a mi paz, que quería toda esa música que me compartías y que me encantaba presenciar tu inacabable curiosidad.

Ese día no sabía que ibas a terminar significando tanto. Hace casi tres años no somos pareja y aún así, cada día sigo decidiendo que seas parte de mis amaneceres y atardeceres. Sigo escogiendo compartir el tiempo y la energía, el amor y la indiferencia, la certeza y las dudas, porque conmigo -y también sin mí- vos sos.

Carolina Buzio Apoyen a la artista / Support the artist

Que sea como en la vida

Me gusta llevar la contraria, creo. Digo “creo” porque tengo bastante tiempo oyéndolo pero no estoy segura si es realmente así o solamente es algo que dicen todas las mamás.

Con vos me parece que aplica, ¿te acordas cuando empezamos a salir y no queríamos ponernos la etiqueta de “novios”? Eventualmente cedimos porque el resto del mundo jodió tanto y preguntaba tanta paja que era más fácil solamente decir “okay, sí somos novios” en lugar de seguir explicando que no quería las expectativas y obligaciones que venían con eso.

Yo siempre he creído que fue ahí que la cagamos, nos acabamos ajustando a esas ideas preconcebidas y a esperar (y demandar) cosas y progresiones específicas. Ya sabemos que las personas no funcionamos así. Yo traté de no hacerme expectativas, de todas formas. A vos, se te hizo un poco más difícil.

Eventualmente sabés que tuve que irme de vos, y vos acabaste por irte también. Nos cagamos en todo. Y de alguna misteriosa manera terminamos viéndonos en un sitio al que nunca pudimos llegar, en ese tiempo.

Yo a vos te quiero para que cuando seamos mayores no vivamos juntos pero vivamos cerca. Te quiero para que estemos así, el resto del tiempo que querranos y que nos venga bien a los dos. Quiero particularmente no ser la única persona en tu vida.

Quiero no ser el centro de tu atención, quiero que tengas otras pasiones y las sigás como podás. No quiero que desgastés tu vida queriendo hacerme feliz porque eso es mi responsabilidad y tengo todo el potencial para serlo. Solamente quiero que estés cerca para compartirlo con vos.

Y si te soy sincera, también quiero saber que estás cerca para compartir las peores mierdas de mi vida. Esos inoportunos momentos en que el trauma se me manifiesta exactamente como nos pintan a los fantasmas, en las películas. Quiero saberte cerca, no porque mi fuerza yazca dentro de vos sino porque sé que cuando no esté tan segura de mi valentía y resiliencia, vos sí lo vas a estar, y me lo vas a recordar.

Te quiero para que me contes cómo fue tu día, para que me hablés de otros amores, para que me hagas reír antes de que me digas buenas noches. Me imagino justamente como estas vacaciones, viviendo cerca y pudiendo hablarnos para que vengas a dormir a mi casa, o ir a dormir a la tuya (siempre que comprés un nuevo colchón).

Que el amor no sea como en las películas o en los cuentos, que sea como en la vida. Que podamos ser caos, y mantenerlo bajo control.

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Michelle Heslop. All rights reserved. 

Te dije “te amo” y me contestaste “soy un desastre”.

Dije “te amo” y me dijiste “no te vayas de boca, esperá a que me conozcas”.

Te dije “te amo”, y en tu rostro había duda.

Te dije que te amo, no te pregunté si vos te amabas lo suficiente como para creerlo.

Descansar los domingos

Es domingo y te despertas de mal humor porque te desvelaste anoche. Esperate… No, te desvelaron anoche. A tus 22 años todavía te ponen hora de llegada, así que a las 2:00 a.m ya estabas en tu casa pero tu hermano menor -que tiene 20- llegó a las tres y media, con la novia, que sin problemas se puede quedar a dormir en la casa cuando quiera. Claro, la virginidad de tu hermanito es ciertamente menos preciada que la tuya… Ellos pasaron entretenidísimos y les escuchaste todo el bacanal.

En fin, salís de tu cuarto y al mismo tiempo está saliendo de su cuarto tu padre. Le decís “buen día” y caminan juntos a la cocina. Aunque tu mamá lleva dos horas despierta limpiando y haciendo jardín tu papá empieza a preguntar “¿qué hay de desayuno?” pero en lugar de decirle que él busque qué comer, tu mamá empieza a cocinar y de paso te ensarta con esa tarea que, de ser por vos, no harías pero ni para tu propia subsistencia.

Después del ameno desayuno, tu hermano se levanta de la mesa, dejando su plato atrás. Cualquiera creería que es que se le olvidó pero en realidad no, es que él sabe que es nuestro deber cocinarle, levantarle el plato y encima lavárselo. Él se va feliz de la vida a dejar a la novia a su casa mientras vos te tenés que bañar y vestir porque al rato van para misa.

Están a punto de salir los cuatro cuando tu papá te queda viendo y te dice que esa tu camisa es muy abierta, que te la vayas a cambiar. Vos respondés que tu hermano anda sus shorts pequeñitos -como buen muchacho preppy que es- y que él anda enseñando toda la pierna pero a tu mamá y a tu papá eso “les vale verga” así que te lo repiten al unísono, con ese tono autoritario que anuncia una discusión incipiente. Así que para evitar más alboroto, obedecés.

Como se atrasaron mandándote a cambiar la ropa, cuando llegan ya no hay espacio en el parqueo de la iglesia. Se estacionan a unos cuantos metros de la entrada y apenas estas sacando una pierna del carro cuando un hombre pasa en bicicleta diciéndote cuatro estupideces seguidas de un “amor”. Amor, te dice un desconocido. Un maje que apenas y alcanzó a verte la cara se siente con derecho de decirte “amor”. Te hierve la sangre, pensás que quisieras que se vaya en un cauce, además te ponés a pensar que seguramente tu papá cree que eso es tu culpa, cuando en realidad no importa cuántas capas de ropa tengas encima: basta con la sospecha de que sos mujer para que estos cerdos se sientan invitados a decirte cualquier vulgaridad.

En la misa el padre se la pasa hablando del pudor y tu mamá haciéndote caras porque dice que desde que estas trabajando querés salir todo el tiempo con tus amigas, y a ella se le nota que eso le preocupa: desde hace 3 años no tenés un novio (y ciertamente no querés uno). Ella dice que te vendría bien un noviecito para que te calme y te controle, porque está raro eso de que pasés tanto tiempo sólo con chavalas.

Cuando regresan a la casa, como de costumbre tu papá y mamá ven las noticias en la televisión de la sala común. Es entonces que sale la nota sobre la chavala que drogaron y violaron en grupo unos muchachitos ricos en Las Colinas. Según la reportera, fuentes cercanas a la sobreviviente aseguran que no es la única víctima mas sí la primera en atreverse a poner la denuncia.

Pero las preguntas que surgen no son “¿qué pena les van a dar?” o “¿estará recibiendo acompañamiento la chavala?” sino “¿qué hacía esa muchachita en esa casa con tantos hombres?” y “¿qué estaba pensando la mamá de esa chavala dándole permiso de salir?”. Ya no podés contenerte más y pegás cuatro gritos diciéndoles que dejen de culpar a la mujer todo el tiempo, que se saquen esas ideas de la cabeza y que sean más humanos pero no les termina de entrar por los oídos cuando ya se les olvidó.

Te querés relajar un poco así que te acostas en tu cama, agarrás el celular, revisas tus notificaciones y abrís Snapchat. Un maje te está mandando fotos y videos de su pene y te pide fotos desnuda. Asqueada, perturbada y enojada, lo bloqueás y ponés el celular a un lado. Ya deberías intentar dormir.


 

Dicen que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Supongo que por eso solamente ellos tienen derecho a descansar los domingos.

Juliana - Postales de Simone
Juliana – Postales de Simone

Nadie piensa como vos

Llegas buscando una cosa a una tienda e involuntariamente te ponés a acomodar los tarros y ordenarlos como vos crees que se ven mejor. Espero que estas muchachas no se sientan ofendidas porque noté que todo este escaparate era un solo bacanal, y que tampoco las manden a ordenar todo cuando yo me vaya, me van a detestar. 

Entras a una oficina y durante la reunión aprovechás para ordenar los lápices, la engrapadora y los post-it, dejándolos paralelos y bien alineados con el borde del escritorio. Seguro me veo rarísima haciendo esto así que trato de ser extra encantadora y elocuente para que la dueña de la oficina no note que le estoy tocando las chochadas.

Pocas cosas te molestan más que cuando tus amigas te piden prestado tu maquillaje y al terminar meten todo mal y cierran la cosmetiquera a la fuerza. Estas majes saben que prefiero que me dejen todo afuera y ordenarlo yo antes de abrir la vaina y encontrar esa escena de terror.

Te pudre enormemente que tu compañero de clase te pida prestado un lapicero y luego lo meta a tu estuche con la punta en el sentido contrario de todos los otros lápices. Pero es que este cabrón seguro lo hace por joder, no es posible que no note que todos los lápices están con la punta hacia donde cierra el zipper. Es lógico, ¿verdad?

Tenés una guerra silenciosa con la señora que plancha porque siempre te cuelga la ropa hacia el lado incorrecto. De por sí el armario es pequeño, y encima la doña me pone la ropa viendo hacia la izquierda… Necesito espacio para ver la ropa, Emilia. ¿No te has dado cuenta que siempre que me la guardas, la volteo? Además, las camisas de tirantes van en una parte, luego vienen las mangas cortas y luego los vestidos, ¿por qué me seguís metiendo las cosas intercaladas? Lo detesto.

Cada par de semanas sacas toda la ropa que está doblada y la volvés a organizar. Tu alergia te lo impide pero si no fuese por eso, vos serías la única en limpiar y ordenar tu cuarto. Si me alteran mi orden me alteran la vid¿qué jodidos hace mi USB dentro de mi lata de brochas? Prometo que me va a dar algo.


 

Tenés indicadores de Trastorno Obsesivo Compulsivo. No tenés el Trastorno porque no perdés suficiente tiempo cada día en tus compulsiones, y tus obsesiones no son tan intensas, por eso no tenés un diagnóstico.  Tal vez eso lo hace más pequeño, minimizable, ridículo incluso. No cumplís con todos los criterios al pie de la letra pero de cualquier forma, pensás diferente a la mayoría de personas a tu alrededor.

Vos ves el mundo y buscas patrones, esperas cierto orden y si no está ahí ya, te dedicás a crearlo. El problema es que crees que es una cuestión de sentido común y resulta que no es así, tu sentido “común” resulta ser más divergente que común y la gente rara vez entiende tu necesidad por ordenar todo de cierta forma.

No entienden que eso calma la ansiedad que produce el caos. Tampoco comprenden que hay algunos caos que te agradan… Como el de dos cuerpos ansiosos por conocerse. Como el de los libros que no tenés ordenados por temática. Como el de todos los cuadernos que guardas desde secundaria y que no botas porque sabés que eventualmente los vas a necesitar. Como el caos de las cajas de zapatos, que ocupas para guardar recuerdos cada año que pasa. O el de tu muy estructurado plan de vida, que aunque esté bien claro, es indudablemente caótico.

Como el caos de tus pies ansiosos por recorrer el mundo, como el de tus manos expectantes por recoger agua de mil manantiales, como el de tus ojos brillantes y curiosos que esperan encontrar esos patrones en la naturaleza y ansían saber con certeza que, ahí, todo está en perfecto orden.

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